BIOGRAFIA DE WES WILSON, CARTELISTA PSICODÉLICO

La década de 1960 fue una época dorada del diseño, el movimiento hippie que hubo en esta época, el LSD, la libertad sexual, el movimiento en contra de lo establecido y de la rigidez, dieron lugar a una etapa realmente creativa.
A mediados y finales de la década de los 60, los jóvenes vivieron una época en la disfrutaron de un aumento considerable en su nivel de vida. Sus principales vías de expresión eran la música y la moda. A mediados de los 60 las portadas de los discos y los posters empezaron a utilizar una amplia gama de tipografías. Nunca se ha conseguido hacer una revolución tipográfica como la que sucedió entonces. El texto se convirtió en dibujos, líneas sugerentes, retorcidas, sinuosas, que hacían en algunos casos que la lectura fuera imposible.
Los artistas del aerógrafo empleaban una tipografía con extrañas y psicodélicas distorsiones, rompiendo las normas tipográficas establecidas. Los carteles artísticos para los conciertos y festivales de rock fueron el principal tapiz donde estos artistas realizaron auténticas obras maestras. A pesar de su ilegibilidad tenían una gran fuerza comunicativa. Uno de los artistas más representativos de este movimiento fue Wes Wilson
Puesto a elegir cómo pasar a la historia, a Wes Wilson no se le ocurrió forma mejor de hacerlo que diseñando portadas de discos y pósters de multitudinarios conciertos, al tiempo que convertía a su fuente en el icono tipográfico de la psicodélica californiana, una elección que podría calificarse como algo más artística que la de muchos diseñadores de la época.
En San Francisco a finales de los sesenta, con el gay-power a pleno rendimiento, Wes ilustró todo aquello que se hiciera en el mítico Auditorio Fillmore de Bill Graham, que no fue poco. Así, Muddy Waters, Quiksilver Messenger Service, The Charlatans u Otis Redding vieron sus nombres convertidos en difusas olas de ácido. Además del ámbito musical, su trabajo conoció mundos como el cinematográfico o el teatral, dejando un legado de obras como la rareza de Batman -particularmente significativa por ser uno de sus primeros trabajos para su mecenas, el productor Bill Graham- o el póster anunciador del Fantasma de la Ópera.
Wes Wilson es de esos diseñadores que no se complican en diseñar todo a mano y asegurarse que todo quede perfecto. Formó la generación de oro del cartelismo sicodélico de San Francisco junto a Victor Moscoso, Rick Griffin, Alton Kelley y Stanley “Mouse” Miller. A mi gusto, Wes fue el más espectacular de todos. El estilo sicodélico estaba basado en el Art Noveau y el Op art, y con un virtuosismo solo comparable al de Jimi Hendrix, logró sorprender a mediados de los sesenta a toda la generación hippie, con sus maravillosos caleidoscopios tipográficos.
En temas de color, jamás tuvo inconvenientes para mezclar tonalidades fuertes y vibrantes entre si, como para dificultar aún más la lectura. La excusa era que en San Francisco, la gente todavía salía a caminar con tiempo. Y con tiempo uno puede leer lo que sea. A Wes le daba lo mismo la estructura rígida del afiche y quiso crear un estilo que estaba más asociado con un estilo de música orgánica e improvisada, mezclando los distintos tipos de alucinaciones producidas por drogas psicotrópicas.

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